Epistemology, Ontology and Axiology:
Keys to Addressing the Critical Moments of Research
Carlos José Palacio Pérez
carlospalacioupel@gmail.com
Universidad Pedagógica Experimental Libertador UPEL-IMPM Venezuela
https://orcid.org/0009-0006-0434-3838
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.21442317
Resumen
La investigación es un proceso complejo que va más allá de las fronteras de distintas disciplinas, entre sus fundamentos más importantes, está la epistemología, la ontología y la axiología que juegan un papel clave en la construcción del conocimiento. Este ensayo argumentativo examina la relevancia de esta tríada conceptual, proporcionado pautas que pueden guiar a los investigadores en los momentos críticos de su trayectoria académica. Mediante una revisión documental de fuentes claves en el ámbito metodológico, se comprende cómo estos niveles del conocimiento moldean la perspectiva científica. Se concluye que una interpretación profunda de los paradigmas de investigación, así como de sus implicaciones en el procedimiento, es fundamental para el éxito del trabajo intelectual, tanto en sus etapas iniciales como en el resultado final, sin importar el ámbito del saber en el que se desarrolle.
Palabras clave: Epistemología, ontología, axiología, paradigmas de investigación, momentos críticos.
Abstract
Research is a complex process that transcends the boundaries of different disciplines; among its most important foundations are epistemology, ontology, and axiology, which play a key role in the construction of knowledge. This argumentative essay examines the relevance of this conceptual triad, providing guidelines that can help researchers at critical junctures in their academic careers. Through a literature review of key sources in the field of methodology, we understand how these levels of knowledge shape the scientific perspective. It concludes that a comprehensive interpretation of research paradigms, as well as their implications for the research process, is fundamental to the success of intellectual work, both in its initial stages and in the final outcome, regardless of the field of knowledge in which it is carried out.
Keywords: Epistemology, Ontology, Axiology, Research Paradigmatic, critical moments.
Introducción
Al profundizar en los referentes teóricos de la metodología de la investigación, surge inevitablemente la confrontación con preguntas de carácter paradigmático, epistemológico, ontológico y axiológico. El objetivo de este estudio es contextualizar y desentrañar estas categorías desde sus raíces etimológicas, transformando su aparente abstracción en un mapa que resulte comprensible y operativo para las comunidades académicas. Lejos de ser meros formalismos teóricos, estos términos describen los supuestos tácitos que configuran nuestra comprensión del conocimiento, de los sujetos dentro de la sociedad y de los sistemas axiológicos que subyacen a estos. Su omisión o incomprensión en la investigación académica a menudo oscurece la percepción del sujeto cognoscente, distorsionando el análisis del fenómeno y generando una ruptura en el horizonte ontológico de la indagación.
Frente a este escenario, se requiere un ejercicio de agudeza intelectual y claridad epistemológica. Muchas veces, los investigadores noveles evitan el debate directo sobre estas dimensiones al considerarlo un desgaste especulativo; no obstante, prescindir de esta reflexión condena a la investigación a una peligrosa miopía procedimental. La realidad que se percibe en un fenómeno de estudio no se revela de manera ingenua; exige que el investigador adopte una postura consciente. De lo contrario, la dirección del objeto o fenómeno estudiado se distorsiona y se pierde la coherencia interna del proceso investigativo. En relación con esta problemática, se presenta la siguiente interrogante que orienta esta hipótesis de trabajo: ¿De qué forma la integración efectiva de los conceptos de epistemología, ontología y axiología en los paradigmas de investigación ayuda a enfrentar los momentos críticos de la investigación académica?, mientras que la ontología cuestiona la naturaleza de la existencia, abarcando a los seres y sus interconexiones con el entorno, la epistemología analiza la validez, corrección y legitimidad de los métodos utilizados. Por otro lado, la axiología dirige la atención hacia la esencia de los valores y los juicios éticos que los individuos manifiestan en su práctica. Es en esta intersección donde la metodología de cualquier paradigma se fundamenta, articulando de manera racional los recursos, técnicas y procedimientos para preservar la fidelidad de los hallazgos o los resultados.
Desarrollo
La investigación académica representa un proceso multifacético y complejo que atraviesa diversas etapas y puntos críticos esenciales que determinan la dirección del conocimiento. En la fase inicial, el investigador realiza un ejercicio exploratorio y evalúa esos momentos definitorios a lo largo del estudio, los cuales ejercen una influencia clara en el éxito de los proyectos científicos. En este contexto, destaca como factor predominante la perspectiva epistémica del investigador, que se manifiesta a través de la autonomía cognitiva y metodológica del individuo que lleva a cabo el estudio, sin importar el campo del saber, el espacio geográfico o el tiempo en que se sitúe.
Sin embargo, esta autonomía inicial entra en tensión inmediata con las exigencias del racionalismo crítico; tal como postula Karl Popper en su obra seminal “La lógica de la investigación científica” (1962), el punto de partida de la ciencia no es la acumulación inductiva de observaciones pasivas, sino el planteamiento audaz de hipótesis que deben ser sometidas a severos intentos de falsación. Frente a la arraigada creencia en los métodos inductivos, el autor delimita de manera tajante su postura cuando afirma que:
“la teoría que desarrollaremos en las páginas que siguen se opone directamente a todos los intentos de apoyarse en las ideas de una lógica inductiva. Podría describírsela como la teoría del método deductivo de contrastar, o como la opinión de que una hipótesis sólo puede contrastarse empíricamente y únicamente después de que ha sido formulada”. (p. 30).
De este modo, la formulación provisional de una conjetura precede invariablemente a cualquier validación fáctica, subvirtiendo el empirismo clásico para dar paso al deductivismo crítico, esta perspectiva popperiana y de aproximación inicial no pretende establecer verdades absolutas, sino conjeturas temporales, lo que obliga al investigador a reconocer que la clave del éxito de su proyecto radica en la habilidad de cuestionar de manera crítica sus propios fundamentos conceptuales.
En este sentido, el primer hito de carácter crítico es el momento de la reflexión inicial, que se erige como la base fundamental para el comienzo del proceso investigativo. Al eludir perspectivas lineales y reduccionistas en el quehacer científico, la fase preliminar de la investigación deja de ser simplemente un formalismo procedimental para la transmutación de la condición misma del objeto ó fenómeno en un nodo crítico esencial. Aquí el investigador, asume el reto antropológico y epistémico de tomar una posición crítica ante la realidad, desprendiéndose de rigideces conceptuales anteriores para poder entender el fenómeno de estudio en toda su complejidad original. (Zemelman, 1996, p. 42). A su vez, argumenta que la implementación de una vigilancia rigurosa y el debate constante desde las etapas iniciales del diseño funcionan como una barrera protectora imprescindible; esta dinámica protege al sujeto investigador y a su equipo de colaboradores de caer en sesgos cognitivos o distorsiones metodológicas que puedan fragmentar la coherencia paradigmática y el éxito final de la producción intelectual. (Britapaz y Del Valle, 2016, p. 115).
Para comprender la flexibilidad y resistencia de esta estructura inicial, resulta productivo incorporar las tesis de (Lakatos, 1978, citado en Cova et al., 2005):
… “es la unidad descriptiva de los grandes logros científicos, considerada también como unidad de análisis epistemológica constituida por una secuencia de teorías científicas con continuidad espacio-temporal que relaciona a sus miembros, estableciéndose versiones modificadas según un plan inicial común”. (p. 84).
Por ende, en la metodología de los programas de investigación científica, se plantea que las disciplinas no progresan a través de verdades aisladas, sino mediante programas dinámicos que cuentan con un núcleo sólido de postulados teóricos rodeados por un cinturón de hipótesis auxiliares. Desde esta perspectiva complementaria, aunque la reflexión preliminar es fundamental en toda indagación, adquiere un significado altamente crítico, ya que en este período se clarifican las respuestas esenciales que protegerán el núcleo conceptual del estudio, que se materializan en el proyecto preliminar de investigación. Este constructo inicial suele manifestarse en un documento sintético de pocas páginas que, de manera gradual, se transforma en un manuscrito formal estructurado, donde diversas corrientes metodológicas proponen unarigurosa capacidad de síntesis conceptual, recomendando incluso delimitar el núcleo del objeto de investigación de forma breve y concisa.
Es precisamente en este esfuerzo en delimitación inicial donde Zemelman (1996) a través de su obra: “Problemas antropológicos y utópicos del conocimiento” manifiesta: “Tales desafíos surgen de la conjugación de lo que se sabe, pero también de una necesidad de saber qué brota de lo inacabado de la realidad”. (p. 53). Bajo este contexto, se obtiene un valor analítico esencial, al proponer que la auténtica tarea del investigador en la etapa de reflexión preliminar no es simplemente aplicar de manera mecánica teorías preestablecidas, sino cultivar un pensamiento epistémico.
A su vez, este pensamiento implica la habilidad de situarse frente a la realidad sin quedar atrapado en conceptos rígidos, reconociendo que la realidad es histórica, mutable y contiene múltiples potencialidades no dadas, mostrando un enfoque en el sujeto y las visiones utópicas; “La diferencia entre ambas posturas estriba en que la primera expresa tanto la necesidad como la posibilidad del hombre de construir sus realidades a partir de visiones utópicas, por lo mismo inacabadas”. (p. 49). De esta manera, la perspectiva de Zemelman establece un diálogo directo con la exigencia crítica de Popper, aunque la trasciende al poner en valor la subjetividad del investigador; no se limita a refutar hipótesis para perfeccionar la teoría, sino que implica problematizar el contexto con el fin de revelar realidades subyacentes, lo cual confiere a la reflexión inicial un carácter profundamente transformador y adaptable.
Con fin de dotar a este documento inicial de la solidez necesaria, resulta perentorio incorporar el examen de los fundamentos filosóficos que sustentan la ciencia, comenzando por las conceptualizaciones operativas de la epistemología. Desde su génesis etimológica, esta disciplina se deriva de la conjunción de los vocablos griegos episteme y logos, para Dalmau (2024), Plantea: … “la configuración de las coordenadas que constituyen el estado del pensamiento en determinado contexto histórico -la episteme”. (p. 45). En la tradición grecolatina, este concepto se vinculaba de forma estricta al saber científico. El mismo autor alude:
… “de modo tal de diagnosticar las coordenadas del pensamiento históricamente sedimentadas que nos constituyen en nuestro presente. Justamente, este carácter diagnóstico, que liga el ejercicio de la filosofía con el presente de quien filosofa, sería abordado de modo sistemático en el libro que el pensador escribe de forma contemporánea a dichas intervenciones pero que no publica” … (p. 50).
Encontrando una reformulación de profunda densidad en la época contemporánea a través de los aportes de Michel Foucault, bajo esta óptica la noción de episteme trasciende la simple definición de conocimiento acumulado para constituirse, en realidad, como la estructura histórica que delimita las condiciones de posibilidad que rigen todo saber pensable, funcionando como un marco normativo que otorga orden y regularidad interna a las prácticas discursivas de una época determinada. Por consiguiente, este concepto no debe reducirse a un mero sinónimo del saber, sino que debe entenderse como el principio regulador y de orden discursivo que define lo que puede ser legítimamente conocido en un momento dado. (Hernández, 2010, p. 50).
Asimismo, la filosofía como rama volcada al examen de la naturaleza, el origen y la validez del conocer, la epistemología provee al investigador de las herramientas necesarias para comprender cómo se adquiere el conocimiento y bajo qué criterios se instituye su confiabilidad. La internalización consciente de los supuestos epistemológicos previene la comisión de sesgos recurrentes en la praxis científica, tales como la incorporación acrítica de fuentes de baja credibilidad o la formulación de conclusiones a partir de evidencias empíricas insuficientes.
En este contexto, Quine (2002) manifiesta: … “yo hablaba de epistemología y no de metafísica. Los objetos afirmados pueden ser reales. Como he escrito en algún otro lugar, llamar afirmación a una afirmación no es lo mismo que suscribirla”. (p. 22). A partir de esta postura, se examinan las vías de generación del saber y las modalidades de aprehensión de la realidad, identificando tres vertientes epistémicas esenciales: la objetivista, que postula la existencia de una realidad externa e independiente del sujeto; la subjetivista, cuyo núcleo analítico depende estrictamente de la percepción y las estructuras interpretativas del observador; y la constructivista, que sostiene que el significado y los productos del conocimiento emergen de la interacción dialógica y social entre diversos individuos, aparte añade el mismo autor Quine:
“Creo que nuestra aceptación de una ontología es en principio análoga a nuestra aceptación de una teoría científica, de un sistema de física, por ejemplo: en la medida, por lo menos, en que somos razonables, adoptamos el más sencillo esquema conceptual en el cual sea posible incluir y ordenar los desordenados fragmentos de la experiencia en bruto”. (p. 56).
Al trasladar estas premisas al constructo científico, surge una interrogante metodológica cardinal sobre de qué manera operan estas visiones en la estructuración de la investigación, abriendo un debate necesario con las corrientes epistemológicas de corte emancipatorio. Es aquí donde las ideas problematizan la herencia positivista occidental, al advertir sobre el peligro del epistemicidio, es decir, la supresión de los conocimientos locales y tradicionales en nombre de una supuesta neutralidad científica universal. Mientras que Santos (2009) agrega:
“Pero, encima de todo, la simplicidad de las leyes constituye una simplificación arbitraria de la realidad que nos confina a un horizonte mínimo más allá del cual otros conocimientos de la naturaleza, probablemente más ricos y con más interés humano, quedan por conocer”. (p. 36).
Por consiguiente, al cruzar esta crítica con el diseño metodológico, se hace evidente que el investigador no puede realizar un ejercicio de introspección puramente técnico; debe identificar el paradigma bajo el cual abordará su objeto o fenómeno de estudio asumiendo una responsabilidad política y social. En este particular, empleando las palabras de Santos (2009): … “el valor del conocimiento llamado ordinario o vulgar que nosotros, sujetos individuales o colectivos, creamos y usamos para dar sentido a nuestras prácticas y que la ciencia se obstina en considerar irrelevante, ilusorio y falso” … (p. 20). Esta postura epistémica debe reflejarse de manera transversal, sistemática y coherente desde la primera hasta la última línea del informe de investigación, garantizando que el discurso permanezca indisolublemente ligado al paradigma seleccionado y abierto a una ecología de saberes.
En estrecha vinculación conceptual con el marco epistemológico, se sitúa la dimensión ontológica como segundo pilar de la consistencia teórica del estudio. Al respecto, Xolocotzi (2017), advierte que la aproximación a esta dimensión no debe reducirse a un mero ejercicio formal; por el contrario, sostiene que:
… “el verdadero problema estriba en querer introducirse a la problemática ontológica a partir del uso de la cúpula “es”, cuando en realidad no se trata de un asunto cualquiera ni de la misma pregunta que se desarrolla en los manuales de filosofía. Se trata de la más profunda y misteriosa de todas las preguntas que el Dasein pueda plantearse” … (p. 3).
Por otra parte, el mismo autor recalca:
“Ontología (…) es la última forma del olvido del ser; pues la pregunta por el ser del ente en tanto pregunta por el ente en su ser ha olvidado ya la diferencia, en la medida en que este preguntar se inserta en ella como su elemento es inexperienciable”. (p. 12).
En su dimensión analítica, se identifican dos polos teoréticos: el extremo realista, el cual sostiene que la realidad es unívoca, objetiva y totalmente dividido de la mente humana o del observador; y el extremo relativista, el cual plantea que la realidad es una construcción múltiple, subjetiva y mediada por las interpretaciones del sujeto. En tal sentido, el verdadero compromiso de la ontología no radica en hacer un inventario fortuito de los objetos del universo, sino en examinar de manera crítica los criterios conceptuales que empleamos para validar qué es real dentro de una teoría. (Barceló, 2019).
A partir de estas coordenadas, la ontología se define como una vertiente de la metafísica orientada a resolver dos interrogantes fundamentales: ¿qué es lo real? y ¿qué tipo de entidades configuran dicha realidad?. Involucra, en términos prácticos, la necesidad de aprehender la naturaleza general del fenómeno en estudio y sus propiedades constitutivas, delimitando las dimensiones esenciales o los modos de ser de los objetos mediante la caracterización de sus atributos. En la investigación, la dimensión ontológica guía al sujeto para comprender qué existe y de qué manera puede ser asimilado, su delimitación estricta permite la identificación de variables o categorías esenciales y el diseño de investigaciones de gran relevancia y significado científico.
A esta estructura conceptual se integra de forma obligatoria la axiología, que constituye la tercera dimensión fundamental del rigor filosófico en el ámbito metodológico. De acuerdo con Gilson (2023), “La axiología es una rama de la filosofía que estudia los valores, procede del francés axiología tomada de los términos griegos digno, (valioso, con valor) y logos (estudio, teoría, tratado)”. (p. 119). Aunque su acuñación formal es de data reciente (cercana al siglo XX), el examen de los valores se remonta a la filosofía clásica griega, donde los pensadores primigenios reflexionaban en torno a los problemas valorativos, orientados fundamentalmente hacia la dimensión moral. … “hemos hecho un recorrido acerca de este tema de los valores y que poco a poco se va convirtiendo, gracias al pensamiento de tantos hombres y mujeres filósofos o no, en un mundo axiológico”. (p.123).
Durante la vigilia del siglo XX, esta acepción se expande sustancialmente gracias a las contribuciones de (Wilhelm Windelband citado por Gómez, 2026):
… “la misión que a dicha teoría se asignaba no era solamente destacar y describir, entre la masa y combinaciones de ideas, aquéllas a que suele darse el nombre de científicas, sino señalar por qué corresponde precisamente a éstas un contenido de verdad en virtud del cual no sólo se las reconoce de hecho con carácter general, sino que merecen, además, ser reconocidas como tales”. (p. 224).
Para quien asignó a la filosofía la tarea de indagar los principios universales que validan la solidez del conocimiento, identificando estos principios con los valores en su acepción más amplia. Por ello, … “el enjuiciamiento de las ideas desde el punto de vista de la verdad presupone la aplicación de un criterio absoluto, que debe regir no sólo para quien lo aplica, sino para todos”. (p. 226). Resalta que, de acuerdo con las tesis de Gómez según Windelband, la filosofía no posee como objeto de estudio los juicios de hecho, sino, de manera exclusiva, los juicios valorativos.
De este postulado se deduce la coexistencia de dos órdenes de realidad: una realidad ontológica, vinculada al ser y adscrita formalmente a la ciencia; y una realidad deontológica, concerniente al deber ser y a los valores, concluyéndose que los hechos se aprehenden cognitivamente, mientras que los valores se aprueban o desaprueban éticamente. Esta distinción coloca el debate axiológico en diferentes posturas del pensamiento: en la metafísica, al asociar los valores con las propiedades del ser; en la ética, al enfocarse en el comportamiento moral; en la estética, dado que los juicios axiológicos presentan similitudes con la percepción de lo bello; y en la antropología cultural, ya que los valores están indisolublemente conectados al patrimonio histórico de cada sociedad. Al mismo tiempo, en la práctica investigativa, la axiología guía la toma de decisiones éticas, evitando conductas deontológicamente cuestionables durante la elaboración y ejecución del diseño metodológico.
Una vez que se han aclarado los ejes epistemológicos, ontológicos y axiológicos, es necesario reintegrar estos conceptos a la práctica metodológica mediante la articulación paradigmática y las normas institucionales pertinentes. En este contexto, la elaboración del trabajo científico debe ceñirse rigurosamente a las normativas de la American Psychological Association (APA), conforme a las adaptaciones institucionales de las respectivas instituciones educativas. Es claro que la investigación se conecta con los paradigmas metodológicos a través de una dinámica de reflexión-acción orientada a la solución de problemáticas sentidas por una comunidad humana específica. En términos del paradigma socio-crítico, la realidad está relacionada con la transformación de situaciones complejas y con la recopilación sistemática de información cualitativa y cuantitativa. Durante este proceso de recolección de información se presenta un hito crítico asociado a la visualización de los esquemas de pensamiento del investigador.
Se parte de una situación inicial de diseño y confección donde la ruta metodológica y la ejecución del proyecto están pautadas por un estricto protocolo científico. No obstante, la flexibilidad del proceso metodológico, especialmente notable en la reflexión preliminar, demanda tanto una considerable capacidad creativa como un profundo dominio del tema específico por parte del investigador. Es en este momento donde el sujeto elige la delimitación temática que le interesa, considerando variables cruciales como el tiempo, los recursos disponibles y su propia formación técnica.
Seguidamente, se lleva a cabo el acercamiento a la población objeto de estudio y la formulación del problema. Si la investigación se desarrolla bajo un enfoque estrictamente cuantitativo, la totalidad de las conclusiones deberá fundamentarse en bases cuantificables y generalizables, asegurando que la reflexión no se reduzca a un ejercicio empírico mínimo, sino que constituya una construcción sistemática rigurosamente respaldada por teorías de soporte. Por lo tanto, una vez finalizada la reflexión preliminar, se procede a la elaboración del proyecto de investigación definitivo, concebido como el documento exhaustivo que describe el plan de trabajo y los objetivos metodológicos, este momento técnico reviste la mayor importancia, por cuanto define con claridad los alcances del estudio y establece los estándares de calidad del proceso subsiguiente.
Al respecto, Britapaz y Del Valle (2016) argumentan: “Es importante que investigador(a) social actual, conozca las diversas corrientes epistemológicas que fundamentan o contradicen las ciencias sociales y asumir una postura, con el fin de evitar posibles errores de orden epistemológico y metodológico en su quehacer investigativo” … (p. 310). Este escenario permite abrir el tema del debate sobre las carencias presentes en los trabajos de investigación educativa, demostrándose al detectar la falta de soporte teórico epistemológico en la gran generalidad de los trabajos de investigación en torno a la temática educativa. Del mismo modo: … “asumiendo así el gran reto de crear cuerpos teóricos coherentemente estructurados que permitan comprender, explicar y dar respuesta a la realidad social y humana”. (p. 311).
Para superar las carencias teórico-epistemológicas en la investigación educativa, el sujeto investigador no solo debe adoptar nuevas técnicas, sino transformar su propia cosmovisión pedagógica. Tal como lo expone Gil-Contreras (2026), al analizar las transiciones paradigmáticas: “[en] tiempos de revolución, cuando la tradición científica normal cambia, la percepción que el científico tiene de su medio ambiente debe ser reeducada, en algunas situaciones en las que se ha familiarizado, debe aprender a ver una forma (Gestalt) nueva.” (p. 177). Esta reeducación de la mirada es la que permite transitar con solidez hacia los paradigmas emergentes de las ciencias sociales donde resalta la figura de Martínez (1996): “Está emergiendo un nuevo paradigma que afecta a todas las áreas del conocimiento. La nueva ciencia no rechaza las aportaciones de Galileo, Descartes o Newton, sino que las integra en un contexto mucho más amplio y con mayor sentido”. (p. 14).
En concordancia con las observaciones de los autores, es importante resaltar que los procesos comunicativos y los flujos relacionales internos son también puntos críticos de primer orden en la investigación académica, resultandos esenciales para asegurar la sinergia y la eficacia del equipo de trabajo. Este espacio temporal abarca la revisión y aprobación del plan de acción, la planificación estratégica, la coordinación operativa de las actividades de campo y el mantenimiento de canales de comunicación regulares y fluidos entre el investigador principal y sus colaboradores. En efecto Britapaz y Del Valle (2016) exponen:
“La crisis de paradigmas en el campo del quehacer científico, conlleva a la participación del investigador(a) social en los debates epistemológicos actuales […] todo ello con el propósito de evitar posibles errores de orden epistemológico y metodológico que puedan aparecer en su proceso de investigación”. (p. 323).
A este respecto, se hace imperativo sintonizar dicha vigilancia con lo expuesto por Morin (1999), quien formula como primer saber indispensable que:
“El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar la mente humana. Se trata de armar cada mente en el combate vital para la lucidez”. (p. 1).
A modo de ilustración, en las investigaciones de corte positivista, los objetivos y las metas difieren sustancialmente de otros enfoques, dando lugar a proyectos de diversa naturaleza tales como los proyectos factibles o los proyectos especiales, cada uno provisto de finalidades y productos diferenciados. En todos estos contextos, el proceso comunicativo ejerce un impacto crítico e ineludible. Aspectos como las competencias, las responsabilidades deontológicas y los compromisos ético-operativos en el ámbito científico, suelen convertirse en restricciones severas para la productividad científica. Esta situación se debe a que el lenguaje funciona como la materialización del pensamiento; no se trata meramente de un tema de corrección formal o gramatical, sino del reconocimiento del idioma como la herramienta fundamental de estructuración cognitiva.
Conclusiones
Por lo tanto, las posturas paradigmáticas quedan siempre abiertas al debate, convirtiéndose en momentos críticos para algunos investigadores, y el objetivo central es resolver la hipótesis sobre cómo la combinación de epistemología, ontología y axiología permite al investigador adoptar una postura firme frente a los obstáculos de la investigación académica. En este sentido, el desarrollo del texto señala que la realidad de un fenómeno tiende a distorsionarse si se carece de una visión del mundo integrada, por lo que estas dimensiones filosóficas dejan de ser solo abstracciones teóricas y se transforman en herramientas prácticas.
Así, el rigor epistémico protege al autor de caer en sesgos o de aceptar evidencias insuficientes, mientras que el análisis ontológico define la naturaleza del ser estudiado, ya sea desde una perspectiva realista o relativista. Por último, el ensayo vincula esta solidez conceptual con la realidad deontológica, las dinámicas de alteridad discursiva y también los flujos dialógicos intersubjetivos, mostrando que una coherencia paradigmática integral es el único camino viable para evitar la pérdida del horizonte investigativo y garantizar el éxito del producto científico final.
Referencias
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